Fernando Alonso cuestiona el futuro de la Fórmula 1 en 2026: “No se si es mejor o peor”

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La Fórmula 1 se encamina hacia una transformación histórica con la implementación del reglamento técnico de 2026, pero no todos los protagonistas están satisfechos con el rumbo que ha tomado la categoría. Fernando Alonso, bicampeón del mundo y voz autorizada en el paddock, ha expresado su preocupación por lo que considera un deporte “excesivamente regulado”, lamentando la pérdida de la esencia que definió a la competición hace dos décadas.

Para el asturiano, la introducción de nuevas generaciones de motores y la creciente dependencia de la gestión energética han alterado radicalmente la labor del piloto dentro del cockpit. Lo que antes era una lucha de instinto y velocidad pura, ahora se ha convertido en un complejo ejercicio de cálculo técnico. “Algunos requisitos de gestión energética y la forma de conducir para optimizarla durante el recorrido resultan un poco frustrantes desde el punto de vista del piloto. Quieres conducir al 100%, pero ahora tienes que pensar en algo más”, explicó Alonso.

A pesar de su crítica, el piloto de Aston Martin reconoció que esta dinámica no es del todo nueva en su dilatada trayectoria, habiendo experimentado retos similares en otras disciplinas de élite: “Corrí en IndyCar, donde el ahorro de combustible fue fundamental durante el 75 % de la carrera. En el WEC, también había control de energía y tráfico con sistemas híbridos. Al fin y al cabo, eso también forma parte de la carrera”, añade. 

Fernando Alonso, es consciente de que el progreso tecnológico es irreversible y que los días de los motores V10 y los monoplazas ultraligeros han quedado atrás para siempre. Sin embargo, no oculta su nostalgia por el ADN original de la disciplina. “No vamos a volver a finales de los 90 ni a principios de los 2000, a los coches ligeros y rápidos, al ADN de la Fórmula 1, donde el rugido del motor estaba en su apogeo. Ahora vamos hacia una Fórmula 1 diferente. No sé si es mejor o peor, pero definitivamente es diferente”, dijo. 

Uno de los puntos más agudos de su reflexión se centra en la pérdida de emoción al volante. La necesidad de maximizar la eficiencia de los sistemas híbridos obliga a los pilotos a adoptar un estilo de conducción mucho más analítico y menos visceral. “Conducir antes era más emocionante. Los coches antiguos daban la sensación de ir al límite. Ahora, para maximizar la eficiencia, hay que conducir un poco como un robot. Hay que pensar demasiado al volante, y eso puede reducir el disfrute”, explicó. 

Finalmente, el español trazó un paralelismo con la evolución de otros deportes globales, sugiriendo que la importancia de la estructura sobre el talento individual es una tendencia que trasciende al automovilismo. “En los últimos años, se ha observado una tendencia similar no solo en los deportes de motor, sino también en el fútbol americano y el baloncesto. Antes, una noche inspiradora de un jugador podía ganar un partido. Ahora, la estructura y los sistemas son primordiales”, sentencia. 

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